Archivo mensual: febrero 2018

Entre la bruma del recuerdo y el olvido.

El rol casi siempre es amor, esto puede sonar raro, pero creo que puede reflejar el sentimiento de muchos lectores de este blog. ¿Como describir esta experiencia que tenemos acercándonos al rol desde diferentes ángulos y sus complejas aristas? Supongo que es imposible, al menos para mi, describir todo lo que aprendo con esta afición.

Aprendo en lecturas fascinantes con mundos y ambientaciones diferentes que hacen que vuele mi imaginación y poder abstraerme de este mundo, que con su velocidad y sistema al borde de la quiebra, menguaría mi felicidad si me dejara llevar por su inercia. Por suerte me contento con las cosas bellas que tengo, simples, sencillas e imposibles de valorar monetariamente.

Me siento ensimismado leyendo a mis hermanos y compañeros de comunidad, que como maestros de lo profundo, elevan reflexiones dignas de tomar en consideración, dedicar unos minutos de meditación y elevar nuestro estado de conciencia, muchas gracias.

Aprendo de la gente que escribe cosas que me interesan y desconozco, siento que me invitan a explorar nuevas realidades, juegos y aventuras o ahondar aún más en el conocimiento de viejos clásicos que marcaron generaciones enteras. Es digno de elogio el rolero portando mil máscaras, siendo muchos seres diferentes y esforzándose en alcanzar la empatía ante lo ajeno.

He llegado a jugar con gente 20 años mayor que yo y con gente 20 años menor, lo que me hace pensar que esta afición bien podría hacer superar las fracturas generacionales de algún modo. Roleros con sed de conocimiento, curiosidad, ganas de compartir vivencias en fantasía y a veces llevar nuestra lógica humana, realidad y consecuencias a mundos que carecen de estos conceptos.

La juventud se acerca al rol, mucho más de lo que podemos pensar. Aparecen nuevos canales de youtube con diseños impresionantes que editan vídeos geniales para un público escaso. Aún somos una afición minoritaria, pero esto no nos desanima, más aún nos hace sentir especiales, y con la fuerza de un buen proselitista, predicamos las bondades de nuestra afición y las maravillas de disfrutarla en compañía de gente con ilusiones y metas compartidas.

Me siento lejos, tan lejos y tan cerca a la vez de mis hermanos, con los que he compartido tantas horas. Echo de menos a los que ya no están y a los que perdimos de vista en el camino, compañeros que de algún modo tomaron un rumbo diferente al nuestro y aún así han dejado marca de su paso por nuestra alianza de librepensadores.

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Aprendo de mis compañeros, y muchas veces me siento ignorante y pienso ¿qué puedo aportar yo a la comunidad? Podría aportar mi espíritu, mi energía, mi amor a la afición, mis ganas de aprender y compartir mi felicidad con todo el que se cruce en mi camino. He tomado decisiones duras que me acercan a la coherencia entre el ser y el hacer. Ahora estoy deshaciéndome de las capas superficiales de mi cebolla y valorando más lo importante. Suena a retórica pero si las palabras se retuercen suenan a poesía, y como dijo el padre de Kvothe “los poetas son músicos que no saben cantar”.

A veces en la rolesfera también nos gusta un poco de guerra infantil, y somos capaces de defender una posición hasta la muerte de nuestro avatar informático, ya sea por un papel con una X o por que algunos prefieren el azar, el sistema, la narración por encima de otros rasgos de juego, etc… Pero bueno, eso suele solucionarse al final con unos bloqueos (cosa con la que no estoy de acuerdo) y un poco de limpieza en el pajar de los compañeros tóxicos (cosa con la que si estoy de acuerdo en determinadas circunstancias).

En este muro infinito a veces gusta la censura, autocensura, limitaciones y expresiones políticamente correctas. A veces incluso quién defiende tales prácticas en pos de la cordialidad y concordia es capaz de perder los papeles del modo más violento, luchar por la paz que dice la sabiduría popular que es como follar por la virginidad.

El rolero de pro siente que tiene que aportar cosas, pues la mayoría somos gente creativa que apenas se conforma con lo que encuentra en cualquier sitio y debe masticarlo, adaptarlo, darle forma y crear, vidas, nombres, cambiar reglas, dejar su huella para la eternidad. Y es bello encontrar nuestros nombres escritos en portadas de libros que compraríamos y suplementos o aventuras con las que poder contentar a nuestro ego creativo.

Creo que es imposible descargar la responsabilidad de nuestros actos, pues nos definen. La parte buena de esto es que a veces nos acercan a gente con la que compartir el camino, y aunque en sendero llevamos ritmos diferentes, hay que saber apreciar cuando alguien que va un poco por delante se detiene a ayudar y sostener al compañero.

Ahora tener una pila de lecturas pendientes no me agobia, pues priorizo un libro cada vez que acabo con otro,  y si no lo pienso llevar a la mesa de juego, con el digital me contento.

Al final volvemos a encontrar gente afín, podemos pasar por alto las faltas de los demás y saber que posición ocupa cada compañero en este poliedro de tendencias ideológicas y motivaciones. Y sigue habiendo amor al fondo del vaso, porque el amor mueve el mundo y le da sentido, porque da vida a los desesperados y enciende una llama en el corazón helado.

Hace tiempo dejé de ser coleccionista de juegos y decidí vivir experiencias con ellos, arte efímero que perdura en la memoria, como experiencias y recuerdos que a veces se pueden recordar exactamente y otras veces son idealizadas entre la bruma del recuerdo y el olvido.

Necesitaba plasmar estos pensamientos que me rondaban desde hace una semana. Pronto espero escribir más sobre rol y tal vez sobre la vida si estas entradas son del agrado de mis salvajes lectores.

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